El despido procedente e improcedente son dos términos que se utilizan en el ámbito laboral para describir las diferentes situaciones en las que un trabajador puede ser despedido. Estos términos hacen referencia a la legalidad del despido y a las consecuencias que este tiene tanto para el empleador como para el empleado.
Despido procedente
El despido procedente se refiere a aquel despido que se ajusta a las leyes laborales y se realiza por una causa justificada. En este caso, el trabajador ha cometido una falta grave o ha incumplido de manera significativa sus obligaciones laborales, lo que ha llevado a que el empleador tome la decisión de poner fin a la relación laboral.
Algunos ejemplos de causas que pueden dar lugar a un despido procedente son el incumplimiento reiterado de las normas de la empresa, el abandono del puesto de trabajo sin justificación, el fraude o la deslealtad hacia la empresa, entre otros.
Despido improcedente
Por otro lado, el despido improcedente se produce cuando el empleador no ha seguido los procedimientos legales establecidos para llevar a cabo el despido o cuando no existe una causa justificada para poner fin a la relación laboral. En este caso, el trabajador es despedido de manera injusta y tiene derecho a reclamar una indemnización.
El despido improcedente puede ser consecuencia de diversas situaciones, como la falta de motivación suficiente para justificar el despido, la falta de pruebas que respalden las acusaciones contra el trabajador o la falta de cumplimiento de los plazos y requisitos legales establecidos.
Indemnización por despido procedente
En el caso del despido procedente, el trabajador tiene derecho a recibir una indemnización por parte del empleador. La cuantía de esta indemnización es de 20 días de salario por año trabajado, con un máximo de 12 mensualidades.
Es importante tener en cuenta que esta indemnización puede variar en función de la antigüedad del trabajador en la empresa y de lo establecido en el convenio colectivo aplicable.
Indemnización por despido improcedente
En el caso del despido improcedente, el trabajador tiene derecho a recibir una indemnización por parte del empleador como compensación por el despido injustificado. La cuantía de esta indemnización es de 33 días de salario por año trabajado, con un máximo de 24 mensualidades.
Es importante destacar que, en los contratos anteriores a febrero de 2012, la indemnización por despido improcedente era de 45 días de salario por año trabajado, con un máximo de 42 mensualidades.
Finiquito en ambos casos
Tanto en el despido procedente como en el despido improcedente, el empleador está obligado a proporcionar al trabajador un finiquito que incluya todas las cantidades pendientes de pago, como salarios, vacaciones no disfrutadas, pagas extras, etc.
El finiquito debe ser entregado al trabajador en el momento del despido o en un plazo máximo de 10 días hábiles a partir de la fecha del despido.
Dictamen de un juez en el despido improcedente
En el caso del despido improcedente, es necesario que un juez emita un dictamen que confirme la improcedencia del despido. El trabajador tiene un plazo de 20 días hábiles a partir de la fecha del despido para presentar una demanda ante los juzgados de lo social y solicitar la declaración de improcedencia del despido.
Una vez que se ha presentado la demanda, se celebra un juicio en el que el juez analiza las pruebas presentadas por ambas partes y emite un dictamen en el que se determina si el despido es procedente o improcedente.
Derecho a paro en ambos casos
Tanto en el despido procedente como en el despido improcedente, el trabajador tiene derecho a solicitar la prestación por desempleo, siempre y cuando cumpla con los requisitos de cotización establecidos por la Seguridad Social.
Para poder acceder a la prestación por desempleo, el trabajador debe estar dado de alta en la Seguridad Social y haber cotizado un mínimo de 360 días en los últimos 6 años, o bien, haber cotizado un mínimo de 90 días en los últimos 6 meses.
Despido procedente pactado
En algunos casos, el despido procedente puede ser pactado entre el empleador y el trabajador. Esto significa que ambas partes llegan a un acuerdo en el que se establecen las condiciones del despido y se renuncia a reclamar una indemnización.
En este caso, el trabajador no tiene derecho a recibir una indemnización, pero mantiene el derecho a solicitar la prestación por desempleo, siempre y cuando cumpla con los requisitos establecidos.
Plazo para pagar la indemnización en el despido improcedente
En el caso del despido improcedente, el empleador tiene un plazo de 5 días hábiles a partir de la fecha del despido para pagar la indemnización al trabajador. Si no se realiza el pago dentro de este plazo, el empleador puede ser sancionado con una multa.
Es importante tener en cuenta que este plazo puede variar en función de si se llega a un acuerdo en el acto de conciliación o si se celebra un juicio. En caso de llegar a un acuerdo, el empleador tiene un plazo de 10 días hábiles para realizar el pago de la indemnización.
Posibilidad de readmisión en el despido improcedente
En el caso del despido improcedente, el trabajador tiene la posibilidad de solicitar su readmisión en la empresa en lugar de recibir una indemnización. Sin embargo, esta posibilidad está sujeta a la voluntad del empleador.
Si el empleador acepta la readmisión, el trabajador debe reincorporarse a su puesto de trabajo en las mismas condiciones que tenía antes del despido. En este caso, el empleador está obligado a abonar los salarios dejados de percibir desde la fecha del despido hasta la fecha de la readmisión.
Declaración de nulidad en el despido improcedente
En algunos casos, el despido improcedente puede ser declarado nulo por parte de un juez. Esto ocurre cuando se ha producido una vulneración de derechos fundamentales del trabajador o cuando existe discriminación en el despido.
En caso de que el despido sea declarado nulo, el trabajador tiene derecho a ser readmitido en la empresa de manera inmediata y a percibir los salarios dejados de percibir desde la fecha del despido hasta la fecha de la readmisión.
El despido procedente e improcedente son dos situaciones diferentes que se producen en el ámbito laboral. Mientras que el despido procedente se ajusta a las leyes y se produce por una causa justificada, el despido improcedente se produce cuando no se siguen los procedimientos legales o no existe una causa justificada. Ambos tipos de despido tienen consecuencias legales y económicas para el empleador y el trabajador, como el pago de una indemnización, la posibilidad de solicitar la prestación por desempleo y la posibilidad de readmisión en el caso del despido improcedente.






